País: China.
Director: Chen Kuo-fu (Wuershan).
Duración:131 m.
Género: Acción/ Fantasía.
Protagonistas: Zhou Xun, Chen Kun, Zhao Wei, Muni Yang, Feng Shaofeng,
Xiang Fei, Morgan Benoit.
Más información:
http://www.imdb.com/title/tt2371411/
Sinopsis: La raza demoníaca necesita cientos de años para conseguir alcanzar la forma humana. Así, carentes de corazón, un demonio no puede experimentar ningún sentimiento humano. No obstante, cuenta la leyenda que si un corazón puro se ofrece libremente a un demonio, éste puede convertirse en mortal. La acción arranca cuando un espíritu en forma de zorro se escapa de una prisión de hielo y se une a una princesa desfigurada, quien busca verse correspondida por el amor de un noble guardián que la salvó de la muerte años atrás. Mientras su reino comienza a tambalearse por culpa de una amenaza exterior que traerá más de una sorpresa.
Crítica:
Casi un lustro después del estreno de Painted Skin (Hua Pi, 2008), una modesta aventura épica plagada de demonios y humanos enfrentados entre sí que unió al director Gordon Chan con la estrella china Donnie Yen, llega a las pantallas del Festival de Cinema de Sitges su continuación estrenada con apabullante éxito (en su arranque se colocó como la tercera película estrenada en la China Continental más taquillera, sólo superada por el relanzamiento en tres dimensiones del Titanic de James Cameron y la tercera parte de la saga Transformers: Transformers, dark of the moon) con el título de Painted Skin: The Resurrection (Hua Pi 2, 2012).
Con el aval de contar entre su elenco actoral con la mayor parte del reparto original que ya participara en el anterior film (exceptuando a Donnie Yen, quien en este 2012 ha preferido protagonizar otros wuxias diferentes) y con el hecho de disponer además de un presupuesto mucho más elevado que aquélla (se nota que el dinero en la cinematografía china fluye, y de que manera), la verdad es que les ha quedado una película bastante resultona, mucho más atractiva visualmente y con una cantidad de elementos a resaltar de los que en principio se presuponían. El realizador que se ha hecho cargo del film, Chen Kuo-fuo, no se ha destacado precisamente por presentar un currículum ejemplar, ya que, entre otras ha filmado cintas tan prescindibles como Tresaure Island (1993) o Double Vision (2002), siendo hasta ahora su trabajo más destacado The Message (2009).
Aquí, sin embargo da en la diana y nos sorprende con un derroche de talento y personalidad para explicar una historia tan compleja como ambigua en sus planteamientos. El film destila seducción y sexualidad en muchas de sus secuencias, sobretodo en aquellas en las que los múltiples trasvases de cuerpos y espíritus entre demonios y humanos permiten que el contacto entre pieles masculinas y femeninas sea continuo. Esta abundante presencia del elemento táctil tan sólo es la punta de lanza de un derroche de sensualidad que acaba por envolver al espectador. Si bien, como siempre suele ocurrir en este tipo de producciones, la trama se dilata en demasía y se repiten situaciones y escenas que ralentizan el ritmo de la narración, aquí no llega a afectar de manera alarmante al conjunto, ya que aunque la situación sea la misma la puesta en escena es completamente diferente.
Lo vaporoso del vestuario y la sinuosidad de los diálogos también ayudan de manera importante a producir este efecto que comentamos.
Otro acierto incuestionable de la propuesta es el predominio de los distintos conflictos amorosos que se dan a lo largo del metraje en detrimento de las escasas escenas de acción que acontecen. Aquí las batallas, luchas y combates varios que jalonan la trama se nos ofrecen como resultado de las subtramas que van apareciendo y no como parte del conflicto principal. Escenas, por otra parte, rodadas de manera briosa y muy espectacular, destacando aquella que tiene lugar entre el protagonista y un oso, o aquella otra en la que este mismo personaje se debe enfrentar a un grupo de hombres lobo, entre los que, por cierto, encontramos a un intérprete occidental, Morgan Benoit, quien ha trabajado como doble en las escenas de acción de Keanu Reeves en la nueva versión de los 47 Ronin que acaba de rodar.
En cuanto al elenco actoral principal se refiere, no podemos obviar todo el mal ambiente que rodeó al rodaje debido al importante enfrentamiento que tuvo lugar entre las dos divas protagonistas. Tanto Zhao Wei (The Postmodern Life of my Aunt) como Zhou Xun (True Legend), grandes amigas después de haber coincidido en Painted Skin, se enzarzaron en una lucha de egos sin cuartel que las llevó incluso al enfrentamiento físico cuando una amenazó a la otra con lanzarle una silla que le impedía el paso (se comenta que la segunda exigió usar una doble de cuerpo para todas las escenas compartidas con su compañera de reparto).
La raíz del conflicto no fue otra que la diferencia de sueldos a percibir entre una y otra, aunque visto lo visto ese pique pudo incluso resultar a la postre beneficioso, porque ambas actrices nos ofrecen un auténtico duelo interpretativo que echa chispas y que desde luego merece el aplauso más unánime. Y entre medias, un puñado de metáforas y mensajes trascendentales que pueden llevar a la reflexión: que el amor conlleva dolor, o la afirmación palpable de que todos quieren ser algo que no son.
En definitiva, una acertada mezcla de desgarradora brutalidad y drama operístico que hará las delicias de los amantes del cine épico oriental.
Lo mejor: Las coreografías y el deslumbrante diseño de producción.
Lo peor: El guión se enmadeja en varias ocasiones, por lo que cuesta entender la trama.



Comentarios recientes