Una mujer al mando de Corea del Sur

El pasado 19 de Diciembre tuvieron lugar en Corea del Sur elecciones presidenciales cinco años después de la victoria del actual Presidente en funciones, Lee Myung-Bak, ex Alcalde de Seul y quien fuera máximo responsable de Hyundai, el mayor conglomerado empresarial (chaebol) del país. La Constitución coreana determina un único periodo presidencial de un lustro, de modo que el Jefe del Estado sólo puede gobernar un tiempo limitado impidiendo así el abuso del poder. Los surcoreanos sufrieron largas y crueles dictaduras militares y autocracias de diverso signo durante toda su historia, de ahí que el sistema de único mandato busque evitar tales experiencias.

Estos recientes comicios, los sextos tras el establecimiento de la democracia, tuvieron algo de extraordinario: el ganador no fue un hombre. La Sra. Park Geun-Hye, de 61 años, fue elegida como nueva Presidenta de Corea del Sur para gobernar desde el próximo 25 de febrero de este año hasta el 24 de febrero de 2018. La flamante Jefa del Estado electa, del partido gubernamental de derechas Saenuri, fue votada por una abrumadora mayoría del electorado. Casi el 52 por ciento de los votantes, 15.773.128 de personas exactamente, dieron su apoyo a esta dirigente de figura menuda y elegante prestancia. No sólo ha ganado las elecciones: es la candidata más votada de la historia de Corea del Sur, nunca nadie obtuvo tantos sufragios. Su derrotado rival, el socialista Moon Jae-In, reconoció la indiscutible victoria de la Sra. Park y no dudó en felicitarla y ponerse a su disposición. Los coreanos, pues, han elegido por primera vez a una mujer para cumplir un triple papel: el de Presidente de la República, jefe del Gobierno y comandante en jefe de las fuerzas armadas.

Lo insólito no es ya que Park Geun-Hye sea la primera Presidenta de Corea del Sur: lo es también en Asia Oriental. En otras palabras, nunca una mujer ha llegado tan lejos no sólo en Corea, tampoco en China, Japón, Singapur… Las sociedades del Extremo Oriente son, en general, conservadoras, tradicionales y muy influenciadas todavía por las antiguas doctrinas de Confucio, por lo tanto, este acontecimiento es más que meritorio. Esta elección es un paso de gigante en la igualdad de hombres y mujeres a nivel internacional aunque, sobra decirlo, aún quede tanto por hacer.

Sucede que la Sra. Park es hija de un anterior Jefe del Estado, aunque no de un Presidente elegido democráticamente como ella, sino del dictador que gobernó Corea del Sur con mano de hierro de 1962 a 1979, Park Chung-Hee. Haciendo un símil, aunque salvando las distancias, es como si en España hubiéramos elegido Presidenta a la hija del general Franco. Dicho esto, cada nación tiene su propia historia y la de Corea del Sur hay que entenderla, o al menos conocerla.

El general Park fue, como todos los dictadores (Franco, Hitler, Stalin…), odiado por muchos aunqupe apoyado por una gran parte de la población. Durante su férreo mandato, Corea del Sur, uno de los países más pobres del mundo por aquel entonces, experimentó un crecimiento económico espectacular. Por ese progreso innegable, muchos surcoreanos hoy tienen una imagen positiva del citado general, y lo ven como un salvador, como el dirigente que, aunque sacrificó los derechos humanos, sentó las bases del bienestar actual. Su hija, la actual Presidenta, fue durante los últimos años de vida del dictador la Primera Dama del país. La esposa del general Park, Yuk Young-Soo, murió asesinada en 1974 y su primogénita asumió sus funciones desde entonces, cuando aún era muy joven. Park Geun-Hye desempeñó su papel con gran dignidad y ello le reportó una imagen muy positiva entre su pueblo, factor que, no en vano, ha jugado a su favor para ser votada como Presidenta de la nación 30 años después de la muerte de su padre. El general Park, por cierto, también murió de forma violenta.

La vida de la Sra. Park no es, precisamente, convencional. Primera Dama de su país con 22 años, vio morir asesinados tanto a su padre como a su madre. Ella misma también sufrió un atentado: en 2006 fue apuñalada en la cara durante un mitin (una enorme cicatriz recuerda tal suceso). Nunca se casó, no se le conoce pareja y tampoco ha tenido hijos, algo que, como todos sabemos, no suele ser valorado positivamente por una sociedad como la coreana. Sin embargo, la imagen de Park Geun-Hye, quien ya en su día pidió perdón por los crímenes de su padre, es muy popular y respetada. Tanto sus votantes, que son la mayoría de la población, como sus detractores, reconocen la preparación, seriedad y nobleza de esta mujer que no ha tenido fácil llegar a lo más alto, aún siendo hija de quien es. Muchos de los que hoy la reverencian no hace mucho la minusvaloraban. En 1997, tras una época alejada de los focos, entró a la política activa y 10 años más tarde estuvo a punto de ser designada candidata presidencial, aunque su partido nombró a otro para tal fin: el Sr. Lee, quien ahora deja el gobierno. No era aún su turno, suele pasar. Al fin, fue investida como líder del partido del gobierno y en 2011 escogida aspirante a la presidencia de la República para las elecciones de 2012. El resto de su historia ya la conocemos: acaba de cumplir el sueño de su vida.