Los habitantes de lo que ahora es la República Oriental del Uruguay fueron y son conocidos también como “orientales”. Este oriental, después de 17 años de vida en Uruguay y Argentina, aterrizó en China en 1975 y desde entonces sigue relacionado a ese “otro” Oriente, donde residió casi un cuarto de siglo y al que sigue vinculado activamente. Este blog pretende reflexionar, contar, compartir pensamientos, historias y experiencias de China, de ayer y del presente.

Soles amarillos, soles rojos, colores y diferencias culturales

Cuando era niño siempre relacionaba el sol con el color amarillo. Para empezar, así era como lo teníamos, y lo tenemos, en nuestra bandera y escudo nacional en Uruguay; en la de nuestros vecinos argentinos; y así figuraba en los libros y dibujos infantiles. Cuando con 17 años llegué a Beijing “descubrí” que para los chinos “el sol era rojo”. Se hablaba y se habla del sol rojo, pero nunca de un sol amarillo. Muchos podrían decir, con razón, que eso se debía a motivos políticos, ya que el rojo era el color “sinónimo del comunismo”. Leer más…

Números, supersticiones y demás….

El año 2014 nos está trayendo una serie de fechas nada auspiciosas ni favorables para un país donde la superstición ha sido una de esas “moscas” que, citando a Deng Xiaoping, han entrado a la República Popular mientras abría su ventana para permitir la entrada de “aire fresco”, siempre según el llamado “arquitecto” de la reforma de China.

Y es que una de las tantas cosas que han cambiado en el país asiático en las últimas décadas –lo mismo que otras siguen siendo lo mismo- es el “auge” de la superstición en general, y la relacionada con los números en particular, a tal grado que ha adquirido un carácter casi institucional.

Según estas supersticiones, tenemos una serie de fechas, como el 4 y el catorce de enero, el catorce de abril o el 14 de mayo, todas ellas relacionadas con la muerte, como veremos más adelante, y nada auspiciosas para bodas o nacimientos, por ejemplo.

Cuando llegué a China en 1975, el portal del edificio donde vivía junto con otros extranjeros, dentro del Hotel de la Amistad, era el número 12, y el de al lado, era el 14. ¿Y el 13? preguntaba yo, incapaz de creerme que en la República Popular a la que acababa de llegar existiera esa superstición.

La respuesta era que, como una forma de respeto hacia los “amigos extranjeros”, se evitaba utilizar esa cifra “maligna”; y ese mensaje tenía dos significados: el orgullo de que “nosotros los chinos no somos supersticiosos”, y una especie de “burla” hacia esa superstición venida de afuera, no sólo de Occidente, ya que, según ellos, se evitó utilizar el 13 cuando el Hotel se construyó para alojar a los llamados “expertos” soviéticos en los primeros años de la joven república fundada por Mao.

Como tantos de los errores que se pueden cometer cuando se habla de este país, si yo hubiese abandonado China y dejado de tener contacto con este mundo antes de los años 90, hubiera afirmado con rotundidad que “los chinos no son supersticiosos”.

La apertura al exterior, y en especial el contacto más fluido y directo con otros “territorios chinos” como Hong Kong, implicó también para la República Popular la entrada y el regreso de una serie de vicios, supersticiones, y algunas costumbres y “tradiciones” no muy “éticas” o “morales”; en una palabra, supuso la entrada de esas “moscas” , pero – según pensaba Deng- también de un “aire puro” que iba a cambiar para bien al país en su conjunto.

En Hong Kong, donde se habla principalmente el dialecto cantonés, la pronunciación del número 8 es muy similar a la de lo que podríamos traducir como “prosperidad”. El 8 se pronuncia “ba” en putonghua –la pronunciación unificada del idioma chino- pero “fa” en cantonés, y “fa” puede ser también “facai” 发财, o sea enriquecerse o prosperidad.

La pronunciación del número 4 (“si”) en putonghua es similar a la de la palabra “muerte”; el número 1 puede relacionarse con “querer”, y el número 5 con “yo”.

Con estos ingredientes tenemos una combinación de números muy “buenos” como 8, 88, 888 y así hasta el “infinito”; “18” (enriquecerse), “518” (yo voy a enriquecerme); y números muy malos como el “4” (morir), “14” (morirse) o “514” (voy a morirme).

En mis primeros años en la China libre de supersticiones, teníamos portales número 4, cuartos pisos en los edificios; el número de información telefónica era “114” (me quiero, me quiero morir), el trolleybus que nos llevaba desde el centro hasta la zona del Parque de Bambú era el número 114 y la línea 4, junto con la número 1, eran las dos principales que recorrían la interminable avenida Chang´an, en el centro de Beijing.

Es verdad que, no sé si por razones técnicas o políticas, se siguen manteniendo el “114” como el número de información telefónica. También es verdad que, en una pragmática combinación de supersticiones chinas y “extranjeras” uno se puede encontrar con construcciones donde no existen los pisos número 4, 13 y 14, y así un edificio que tenga 12 pisos, podrá tener un ascensor que llegue hasta el número 15.

Esa “fiebre” supersticiosa con los números abarca casi todos los aspectos de la sociedad. Los precios de muchos productos o de los platos de comida de un restaurante (que en muchos países terminan en 9 para dar una sensación de “más barato” – 9, 19, 99, etc.) en China terminan en 8. Los números de las matrículas de los autos se subastan de forma pública y se llegan a pagar cifras millonarias por un “8888”; en China cuando uno compra un teléfono móvil, tiene que comprar aparte “el número”; un número de teléfono que termine con varios “8” o “18” o “58” es difícil y caro de conseguir, mientras que el “4” es el que nadie quiere, y el que, por cierto, figura como terminación en muchos de los teléfonos de los extranjeros que viven en China.

Esta superstición alcanza niveles institucionales. Por ejemplo, los Juegos Olímpicos de Beijing, que se inauguraron un 8 de agosto (el mes ocho) del 2008 –evidentemente la elección del año fue una casualidad beneficiosa para China- lo hicieron a las 08:18 de la mañana.

Este “juego” de números es también muy importante a la hora de decidir la fecha de una boda o de la inauguración de una tienda. No son muchos los que quieren casarse o celebrar su boda un día 4 o 14;  y una nueva tienda es muy probable que espere al día 18 para abrir sus puertas al público. Leer más…

El homenaje a María Lecea

Creo que ha sido un gran acierto de la Embajada de España en China la reciente organización de un acto de homenaje a María Lecea, una de las pioneras de la enseñanza del español en la República Popular, a quien tuve el privilegio de conocer en su segunda etapa en Beijing, entre 1984 y 1989. Lamentablemente no pude estar presente en el acto, en el cual además se anunció que el Centro de Recursos de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte de la Embajada  llevará el nombre de esta española, que junto con su esposo, Ataulfo Melendo, llegó a la capital china en 1955. Leer más…

China: Y la reforma también reformó el idioma

Si una persona que está estudiando chino, o lo ha estudiado en los últimos diez años; si un ciudadano chino de unos treinta años viajara ahora en un túnel del tiempo a la China de mediados de los años 70, no entendería gran parte de lo que escuchase o leyese, como tampoco le entenderían muchas de sus expresiones.

Creo que lo mismo pasaría si se  hubiese “congelado” a un ciudadano chino de la década de los 70 y se le despertara ahora dejándolo en una calle de Beijing. Leer más…

Ya no quedan caballos en Beijing

Un carro de carga tirado por caballos, avanzando por la avenida Chang´an frente a la Plaza de Tiananmen, era una imagen normal en el Beijing de mediados de los años 70, y es esa la imagen que me viene ahora a la memoria cuando, de acuerdo al calendario chino, entramos en el “Año del Caballo”.

Mucho se ha hablado y escrito sobre los cambios que han tenido lugar en el gigante asiático en las últimas décadas, y uno de los ejemplos más repetidos es el de las bicicletas; el del paso de una ciudad entera moviéndose sobre dos ruedas, a una gran metrópoli asfixiada en un permanente atasco de vehículos. Leer más…

Año Nuevo Chino, transporte y trenes

Una vez más nos acercamos al Año Nuevo Chino, y al igual que décadas atrás, lo que se conoce como “chunyun” (春运) (literalmente “transporte de primavera”, en los días previos y posteriores a la también llamada Fiesta de la Primavera), sigue siendo en estas fechas una de las noticias más importantes en los medios de prensa local, que no dejan de hablar de las dificultades/facilidades para comprar los billetes de tren o del problema de las reventas, entre otros. Leer más…

Ábacos, calculadoras, tiendas chinas y contando con los dedos

Cuando hace unos días la UNESCO declaró el ábaco como Patrimonio Cultural “Inmaterial” (¿?) de la Humanidad me vinieron a la memoria mis primeros años en China y en especial el asombro y extrañeza que me causaron entonces las tiendas de Beijing.

Puede sonar raro, pero el entrar a una tienda, recorrerla, comprar cosas, fue una de las primeras experiencias más interesantes que tuve en China y en donde empecé a intentar aprender algo y comprender algo del país.   Leer más…

Reflexiones invernales – Frío, calefacción y coles chinas en Beijing

Si hay algo que refleja por un lado los grandes cambios que han tenido lugar en China en las últimas décadas, y por el otro, cómo hay cosas que siguen siendo iguales, es la llegada y el paso de los inviernos, por lo menos en Beijing.

El pasado 15 de noviembre comenzó a funcionar la calefacción centralizada en Beijing. No parece a primera vista un acontecimiento destacable y merecedor de unas notas, pero es algo que se ha repetido de forma ininterrumpida desde el primer invierno que pasé en China, en 1975, y que siempre, como ignorando la transformación que ha tenido lugar en la República Popular desde entonces, ha estado rodeado de la misma “liturgia” política y mediática. Leer más…

Fútbol chino – sueños y decepciones

A veces parece que hay cosas que no cambian nunca. Es lo que pasa, por ejemplo, con el caso del fútbol en “mis dos Orientes”.

En la República Oriental del Uruguay, a pesar de la alegría de volver a ganarle días atrás a Argentina, nos tocará volver a sufrir para clasificarnos para un mundial de fútbol, donde también seguramente volveremos a hacer las hazañas que han hecho grande al fútbol de un país pequeño.

En China, mi “otro oriente”, la frustración y el enfado han vuelto a los cientos de millones de aficionados que ven cómo, tras no haberle podido ganar a Indonesia, su selección nacional corre el riesgo de no poder clasificarse para la Copa Asia, después de haber perdido una vez más la posibilidad de estar en un mundial de fútbol, esta vez el de Brasil. Leer más…

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